Ayer por la noche fui espectador de uno de esos espectáculos que ponen a uno los pelos de puntos, cual escarpias. Al igual que las procesiones de Semana Santa había muchísima gente y también se palpaba en el ambiente un sentir especial. Esta vez no había una estatua a la que la gente gritase guapa, lo que se gritaba y se sentía era un "estamos con vosotros" "ole vuestros cojones". Como decía me encontraba allí por azar, no estaba en mis planes, pero una vez que te encuentras algo así te tienes que quedar. Poco a poco fueron entrando en Madrid, en silencio, jaleados por miles de personas y escoltados por los bomberos de Madrid. Ellos, con sus banderas regionales y sus linternas de minero, héroes de nuestros días nos han demostrado que solo con unidad, fuerza y cojones se pueden cambiar las cosas. Ya el hecho en sí de hacer un camino de tantos kilómetros es encomiable, pero lo realmente increíble es pensar que ellos SI que se han movido por luchar por no solo su futuro, si no el de sus hijos.
Puede que estemos contemplando unas de las últimas luchas obreras de nuestra época, porque si de algo estoy seguro es que esta crisis marcará un antes y después en nuestro futuro. Esta lucha me recuerda a los antiguos enfrentamientos del siglo pasado entre mineros, obreros, agricultores y la patronal o el Estado. Es triste pensar que con el pacificismo no se consigue nada en este país y que tendremos que luchar a la forma de antaño por nuestro futuro. Si es lo que quieren, lo tendrán. Gracias mineros, por recordarnos el camino.
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